En julio solicité un traslado de expediente que no me han concedido. Ha sido una decepción muy grande porque había muchas razones de peso detrás de mi decisión y ha supuesto un duro golpe para mí y para mis padres. La realidad se ha impuesto de esta forma y tenía dos posibles caminos: darme por vencida, deprimirme y enfadarme, o darle la vuelta a la sartén.
Pues bien, yo nunca he sido de las que se rinden a primeras de cambio y me he dado cuenta de que esta no ha sido la primera ni será la última de las decepciones en mi vida; que no hay mal que por bien no venga y que mi formación depende, en primer lugar y fundamentalmente, de mí. Me tiene que importar un comino o menos lo que piense la gente y soy yo la que tiene que trabajar mucho, estudiar de firme, y esforzarme al máximo si quiero ser una buena profesional algún día, que es algo que ni la mejor de las universidades podría hacer por mí.
Si la UAM no me acepta, son ellos los que se lo pierden.
Un beso
B.
p.d. ¡Me han puesto un 10 en pragmática! : D